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Censura, táctica y estrategia

El ex juez de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni (Foto: Senado) (CHARLY DIAZ AZCUE/)

Censura significa no permitirle a alguien decir lo que piensa. Por ende, censura implica agredir el derecho a la libertad de expresión, no exactamente a la libertad de pensamiento, porque cada quien es dueño de seguir pensando lo que quiera. Sin embargo, en cierto modo también la agrede, porque tiende a introyectar una autocensura, a fuerza de advertirle a alguien que no es bueno que diga algo, termina convirtiendo un ‘no debo decirlo’ en un ‘no debo pensarlo’.

Afortunadamente -y con entera felicidad- pasaron las elecciones y me puedo quitar de encima el bozal impuesto por una censura propia de una campaña más que sucia, diría repugnante. Lo curioso es que la censura la imponen los propios medios que se proclaman adalides de la libertad de expresión, obviamente, de ellos solos.

Es que no hay peor censura que decir algo y, de inmediato, que me hagan decir otra cosa que nunca dije ni pienso y, en función de eso, tener que abstenerme de decir lo que pienso.

En su momento quisieron hacerme callar cuando dije que era mejor que este régimen se marchase antes de causar más daño. Me dijeron que era “golpista”. ¿Acaso no está prevista en la Constitución la forma de echar a un gobierno de incapaces? ¿El juicio político es inconstitucional? ¿Cuántos miles de millones de dólares de deuda nos hubiésemos ahorrado si se les hubiese hecho un juicio político por incapacidad? Ahora los pagaremos todos.

No puedo decir que una democracia plural no es compatible con el monopolio de medios, el discurso único, la creación de realidad única. Si digo eso es porque quiero volverme cubano. ¿Es que el discurso único no fuese propio de Stalin, Hitler, Mussolini o nuestras dictaduras de seguridad nacional? ¿Alguien conoce acaso una democracia plural con discurso único de monopolio mediático? ¿No hay leyes al respecto en Estados Unidos, Gran Bretaña, etc.?

No puedo decir que tenemos presos políticos. ¿Y acaso no los tenemos? ¿O Milagro Sala es una presa común condenada por un poder judicial independiente e impoluto? ¿O el “show” de los cuadernos fotocopiados y renacidos de sus cenizas es un proceso penal transparente y claro? ¿En qué país normal y decente puede admitirse semejante persecución disparatada?

No puedo decir que de momento algo habrá que hacer con la estructura judicial, porque se me dice que pretendo violar la Constitución. ¿Acaso forzar declaraciones de imputados para que se “arrepientan”, violando todas las formas procesales y amenazándolos con dejarlos en prisión preventiva efectiva, es constitucional? ¿No será más conveniente volver a la Constitución?

No puedo decir que hay jueces prevaricadores, porque eso significa que quiero la impunidad de no sé quién. ¿Pero acaso alguien no pretendió -contra la letra expresa de la Constitución- que hay traición a la Nación sin guerra? ¿Nadie leyó el art. 269 del código penal y el 119 de la Constitución Nacional y los compaginó?

No puedo decir que es necesario resolver el problema creado por un pequeño grupo de jueces distribuidos estratégicamente, incluso por medidas arbitrarias del ejecutivo, porque se me dice que pretendo poner en comisión a todo el poder judicial. ¿En qué momento dije semejante disparate? ¿Nadie sabe que eso sólo sucedió en los golpes de Estado gorilas? ¿Acaso no hay recursos dentro del estricto marco constitucional para resolver ese problema?

No puedo decir que el derecho penal debe ser garantizador para los ciudadanos, porque se me dice que quiero soltar a todos los homicidas y violadores seriales. ¿Nadie se enteró de que a lo largo de más de 30 años de juez he condenado a miles de personas? ¿A nadie se le ocurrió que las garantías sirven para que no lo condenen a él cuando no haya hecho nada? ¿Acaso las garantías no están en la Constitución? ¿Las he inventado yo o las pusieron los constituyentes de Santa Fe en 1853, mientras comían los alfajores de Merengo? ¿Y además, qué clase de “liberales” son los que están contra las garantías al ciudadano?

No puedo decir que las penas sólo eventualmente cumplen alguna de las funciones que se les asignan en los libros, porque aparece un señor ignoto -que sólo debe haber escrito cartas a la novia-, diciéndome que afirmo que la pena no sirve para nada. ¿Nadie leyó lo que escribo, afirmando que la pena, por el contrario, no es que no sirva para nada, sino que sirve para demasiadas cosas y no las sabemos todas? ¿Al reconocerle una función política, acaso no estoy abriendo el abanico de múltiples funciones?

No puedo decir que en un Estado de derecho debe limitarse y dosificarse con cuidado el ejercicio del poder punitivo, porque otro opinador –no tan ignaro esta vez y pretendidamente académico- me dice que soy “abolicionista”. ¿Sabrá qué es el “abolicionismo”? ¿No habrá tenido tiempo de enterarse que hace 30 años escribí un libro discutiendo con los abolicionistas?

No puedo decir que es mejor una Corte Suprema de 12 o 15 ministros que la actual de cinco, por si alguien me imputa que quiero violar la “independencia” de poderes de la República. ¿Pero acaso es republicano que la última instancia de cualquier juicio y del control de constitucionalidad de todo el país quede en manos de tres personas? Sí, digo tres y no cinco, porque con tres se obtiene mayoría. ¿Semejante concentración de poder es republicana? ¿Y para colmo, cuando esas tres personas votan sobre materias que no son de su especialidad, es republicano que revisen las sentencias de los tribunales especializados quienes no son especializados?

No puedo decir que, en el futuro, cuando salgamos de esta crisis provocada por el virreinato que termina, será necesario reformar la Constitución, porque me dicen que quiero imponer la Constitución “chavista”. Por respeto al lector no uso la interjección debida y escatológica. ¿Acaso no es esta Constitución vigente la que le ha permitido a una persona, por sí y ante sí, quintuplicar en cuatro años la deuda? ¿Nadie se da cuenta de que el colonialismo actual se vale del endeudamiento? ¿No equivale esto a la cesión de una provincia o de la Patagonia en tiempos de otros colonialismos? ¿Quiere acaso imponer la Constitución “chavista” o lo que sea, quien pretende que se recorten las atribuciones del ejecutivo? ¿Alguien piensa que todo el esfuerzo que costará salir de esta trampa, generada por el régimen que termina, puede ser sometido al riesgo de que mañana, otro virrey que gane la elección por un voto de diferencia, pueda destruirlo todo en un día, con el poder que le otorga esta Constitución vigente? ¿Conoce alguien a algún autoritario, antidemocrático, antirepublicano, que haya querido recortar poder al ejecutivo?

No puedo mencionar los modelos constitucionales de Alemania, de Austria, de Italia, incluso de los Estados Unidos, porque me imputan agredir a la República. ¿Acaso todos esos son “chavistas”? ¿Acaso -cualquiera sea la opinión que se tenga de Maduro y de la situación de Venezuela- alguien cree que gobierna el mundo?

No puedo decir que necesitamos un tribunal constitucional como los europeos, una jurisprudencia obligatoria como la de Estados Unidos y una casación como en general hay en todo el mundo, porque el más ignaro de los opinadores dice que pretendo destruir la seguridad jurídica. ¿Qué seguridad jurídica tenemos en un país donde la Corte dice algo y los jueces siguen resolviendo como se les da la gana? ¿Qué seguridad jurídica tenemos donde una misma ley puede ser interpretada de 25 maneras diferentes (23 provincias, la CABA y la federal) y nadie unifica las interpretaciones?

Comprendo perfectamente las necesidades impuestas por la táctica y las respeto. Aún más: las respeto porque conozco mis propias limitaciones y sé que en esa materia no obtengo las mejores notas.

Pero también leí a Perón y sé que toda táctica está sometida a objetivos estratégicos, y muchas veces tengo miedo de que la táctica pueda comerse a la estrategia, sobre todo si la censura impuesta por cualquier irresponsable que aúlla disparates antidemocráticos y vomita prejuicios valido de una cámara o de un micrófono, me hace callar tanto que llego al punto de pasar del no debo decirlo al no debo pensarlo.

Por suerte ya pasaron con toda felicidad las elecciones y sigo pensando todas esas cosas y, además, las vuelvo a decir; no internalicé nada.

*El autor es profesor emérito de la UBA

La entrada Censura, táctica y estrategia se publicó primero en Unlockers Cloud Colombia.

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