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Jorge Drexler: “Cualquiera se recupera fácilmente de un fracaso, lo difícil es recuperarse de un éxito”

Jorge Drexler conversando con Infobae

Se recibió de médico, y en su Uruguay natal ejercía la profesión que, según entendió un día, no lo llenaba. Jorge Drexler quería ser músico, vivir de las canciones. Y de lo que transmitía con ellas. La medicina le permitió solventar los costos de la grabación de su primer disco, del que vendió poco más de 30. ¿Un fracaso? De ninguna manera. No para Drexler, quien tiene otra mirada sobre los parámetros del éxito, aquel que -más allá de cómo lo tome- le sobra. Porque se lo ganó. Aunque debe revalidar sus logros al final de cada estrofa. Así lo entiende.

—¿Qué te genera cuando te dicen que llenaste cinco Gran Rex?

—Antes que nada mucho agradecimiento, porque además tampoco se puede decir que Argentina esté en un momento muy boyante económicamente… Comprar una entrada hoy en día, con la situación que tiene la gente, es un doble acto de amor. Si ya lo era en un momento normal, lo es todavía más al decidir destinar del presupuesto familiar algo de plata para una entrada. Espero estar a la altura de ese acto de amor.

—¿Pedís opinión después de un show?

—A veces no la pido la opinión, y a veces te la dan sin que la pidas (risas). Y a veces me gusta, me gusta. Hay gente que conozco mucho, como mi hermano Daniel, que también es músico y me conoce muy bien: dormimos en la misma habitación durante 15 años. Y su opinión, por ejemplo, es muy importante para mí.

—Tu primer disco solo vendió 33 copias. ¿Qué te motivó a seguir?

—Cualquier persona con un mínimo de condiciones y de perseverancia se recupera fácilmente de un fracaso. Lo que difícil es recuperarse de un éxito. Qué hacés cuando las cosas van bien de repente, cómo te reestructurás como persona, cómo no se te va la cabeza a otro lado. Eso es lo realmente complicado. Y en ese momento, 33 copias me parecían un montón, pero un montón.

Todo se transforma

—No lo viviste como un fracaso.

—No. Me daba cuenta que no había sido un boom, pero en ese momento yo no aspiraba a vivir de la música. Ese disco me salió mil dólares, que pagué de mi  bolsillo trabajando como médico. Es un montón de plata, pero para hacer un disco es poca. En ningún momento pretendía sacarle un rendimiento económico al disco.

—¿No deseabas ser conocido, no deseabas vender más?

—Las expectativas suelen ser muy malas consejeras porque si vos depositás toda tu felicidad en el hecho de que una cosa se dé y esa cosa se da, ya te podés retirar de la vida, del trabajo, de todo. ¿Qué hay atrás de un éxito deseado, calculado y obtenido? No hay nada. ¿Hay algo más parecido a la etimología de la palabra éxito que es exit, que es salida, que es el final? En medicina, exitus es la muerte: cuando decís que el paciente se dirige hacia el exitus es porque querés que nadie se entere de un diagnóstico.

—¿Alguna vez sentiste que habías llegado a un techo?

—Eso te pasa todo el tiempo. Todos los que escribimos canciones tenemos que aprender a lidiar con esa frustración. Siempre tenés ese miedo, que es constituyente del acto creativo. Ese acto es el pasaje milagroso y completamente injustificado e insospechado de la nada al ser. O sea, una cosa que no existía en absoluto de golpe ocupa una hoja en blanco, y aparece. Escribir una canción es como crear una planta: después tiene una vida propia. Y la única manera que ese acto creativo se dé con sinceridad es sabiendo que existe la posibilidad de que no se dé: saber que podés quedarte en blanco es la parte más importante de la composición.

—Te fuiste de Uruguay como hace 22 años. ¿Extrañás algo?

—Extraño mucho, mucho, muchas cosas. Sobre todo los aspectos sociales: mis hermanos, mis sobrinos, mis padres, mi familia directa. Y una cosa muy importante que tiene el país es la percepción del tiempo, de reflexión, de dejar que las ideas decanten. Hay mucho tiempo para desarrollar ideas. En mi opinión, por su número, su tradición cultural y su personalidad Buenos Aires tiene un mayor número de ideas de las que tiene Montevideo, pero las decanta menos. Montevideo llega más hasta el fondo porque tiene más tiempo.

—¿Hay menos profundidad?

—Es muy difícil asentar una idea porque hay una cantidad de estímulos tan maravillosos en Buenos Aires, tanta cosa pasando todo el tiempo, y todo pasando mucho muchas veces, que tenés poco tiempo de digestión. Y el trabajo creativo es a medias inspiración y procesamiento.

—¿Por qué te fuiste de Uruguay?

—No me fui intencionadamente. Me fui por un mes a España y me fui quedando. En principio porque me enamoré de la madre de mi primer hijo. Y porque me enamoré del público. Y aparentemente, ellos se enamoraron de mí. Entonces me sentí querido y me sentí muy bien. Y lo que yo hacía con la guitarra y con la voz era muy bien recibido en ese momento en España, mejor recibido que en Uruguay, donde todos todavía estábamos en la escuela de Jaime Roos, intentando tener grandes bandas con una sección de percusión, con una sección coral, y ser muy tocadores. Es algo maravilloso, pero algo que no se me daba espontáneamente.

—¿Es más fácil crecer en España que en un país de Sudamérica?

—Si crecer es incorporar ideas, decantarlas y que se profundicen, es más fácil crecer en Montevideo. Si crecer es tener acceso a un mercado más grande es más fácil en España porque es un país con 40 y algo de millones de habitantes, y Uruguay no llega a los tres y medio. Desde hace 30 años que estamos en un rango parecido, es un país que casi no crece demográficamente.

—¿Cómo era tu vida cuando trabajabás de médico?

—Tenía un contexto de trabajo en un hospital con unos horarios determinados, y pasé a tener otro contexto de trabajo en un estudio de grabación con unos horarios indeterminados, digamos. Y con otro tipo de bohemia, de nocturnidad, de libertad y de ausencia de rutinas. Lo cual es muy bonito durante un tiempo, pero empieza a pesarte durante otro. Digamos que yo ahora codicio la rutina.

—¿De que habla “Salvavidas de hielo”?

—De que no existe una proporción directa entre la duración de una cosa y el impacto que tiene en una persona. Que a veces una cosa puntual puede dejarte un impacto muy grande, y una cosa muy extensa no marcarte tanto. Que las leyes de la emoción no siempre van de acuerdo con las leyes del tiempo. Entonces, “duró tu amor lo que un salvavidas de hielo”, es decir, muy poco, y dejó una marca muy grande. Eso es lo que dice la canción.

—Pero es contradictorio. Decís me gusta, ¿por qué va a ser efímero, por qué va a terminar?

—Si te salva, por qué va a ser efímero. ¿no? Lo que uno quiere de un salvavidas es que lo salve eternamente, que dure para siempre. Pero claro, la pregunta es qué dura para siempre y qué te puede salvar para siempre. ¿Acaso no es mejor darte cuenta que todos los salvavidas son efímeros, y levantar una copa y brindar por eso? Porque la vida también es efímera, y no por eso tiene menos valor.

Sabado 28 de septiembre – nueva función
Domingo 29 de septiembre – nueva función.
Las entradas se venden en Ticketek en este link:

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