322 350 3367

info@vivecolombia.co

Compare Listings

Por: Juan Pablo Trujillo Urrea

La imagen que Colombia da al exterior nos obsesiona. Somos como la señora que se avergüenza de su hijo marihuanero y trata por todos los medios de que sus amigas más ricas no se den cuenta. Queremos cerrar la página de la violencia y el narcotráfico haciéndonos los bobos, mirando para otro lado, negando que a este país lo ha atravesado la tragedia.       

Las películas sobre narcotráfico y conflicto armado nos molestan por eso, porque nos muestran ese pasado y presente que nos incomoda. Estamos cansados de dar “esa imagen del país” sin darnos cuenta de que, en el reconocimiento de esas miserias — que dicen todo de lo que somos y hemos sido— se encuentra la clave para empezar de nuevo, para, si se quiere, lavar nuestras culpas. En ese afán parroquiano de limpiar nuestra imagen en el exterior, de cambiar las referencias que tiene “el mundo” sobre nosotros, hemos acallado las narrativas que se preguntan qué nos pasó y por qué. 

Una parte del cine colombiano, que según muchos no existe, se ha preocupado por reconstruir nuestra historia. “Que son muchos los géneros y las propuestas que se producen en Colombia”, “que no se puede hablar de cine colombiano” , “que no es un género como tal”. No estoy de acuerdo. Para mí existe —así sea como construcción imaginaria o como agrupación de propuestas audiovisuales hechas en Colombia que tienen preguntas y estéticas similares— y debe hacerse todo lo posible para que se consolide. El cine colombiano debe narrar la historia que no nos han contado de la guerra, debe ser uno de los vehículos para que nunca olvidemos que en este país hubo un conflicto armado interno que dejó más de 262.000 muertos y 8.300.000 de desplazados. Que se arrasaron pueblos enteros, que hubo ácido, río y fosa común para miles de cuerpos que aún no encuentran sepultura.

La historia del conflicto colombiano es esencialmente maniquea. Los matices, las complejidades y los puntos de tensión entre relatos han estado al margen de la conversación. El cine se hace importante en una narrativa de absolutos como la guerra. Hay que seguir haciendo cine del conflicto en Colombia, es la única forma de redimirnos, de repensarnos, de seguir entendiendo qué nos ha pasado y para dónde vamos. No podemos olvidar que eso hemos sido durante décadas conflicto, muerte, desplazamiento y despojo.

Hoy, 15 de agosto, se estrena Monos, otra película colombiana que habla sobre el conflicto. Monos es una película que plantea un espacio-tiempo indeterminado en donde la relación con el conflicto armado en Colombia es simbólica. Su fuerza narrativa se encuentra en la construcción de personajes y ambientes, no en la pregunta por el conflicto. Sin embargo, hay un par de referencias a un periodo específico de la guerra en Colombia.

Se dejan ver, entre escenas alusiones, a la muerte por posturas políticas específicas, a aquellos que alguna vez fueron asesinados por lo que dijeron, por lo que pensaron. Ese capítulo de horror que vive hoy en los líderes sociales asesinados, que no se cierra y toma fuerza, se invoca en la película. Sus protagonistas, la tarea que les asignan, los lugares que habitan, se presentan como espejo en el que podemos vernos reflejados. Los monos son unos niños que están jugando a la guerra, como aquellos que lo hacían (y lo hacen) siendo guerrilleros y paramilitares, haciendo parte de una “organización”. 

Su nombre remite a la construcción simbólica y fáctica que se hizo del enemigo en el conflicto colombiano. Esa mirada que pretende monstruosidad, que barbariza al otro, facilitó un enfrentamiento sin ningún escrúpulo por la condición humana, pero hace ahora mucho más difícil el proceso de reconciliación. El contrincante en el conflicto armado se configuró desde la deshumanización profunda. Qué vamos a hacer con los “monos” que llegaron ahora de la selva y buscan reincorporarse, con los que nacieron y crecieron desde esa narrativa que les quita la humanidad.  

La película plantea un reto al espectador en ese sentido en medio de un proceso de normalización y reincorporación. “Qué vamos a hacer con este NN” a quién le vamos a “solicitar instrucciones”, qué vamos a hacer con los niños que se están haciendo adolescentes en los ETCR, cómo les vamos a devolver la niñez a quienes las armas, las bombas y la instrucción militar se las quitó. Qué le vamos a decir a los “pitufos” que nos ruegan que los llevemos con nosotros, que los ayudemos a tener otra vida. No sabemos, no tenemos ni idea. Vean Monos, es una película valiosa por su producción y cinematografía, pero sobre todo porque es una narración más que agrega matices al blanquinegro relato de la guerra en Colombia.   

The post Monos, una película para mirar el conflicto a los ojos appeared first on ¡PACIFISTA!.

La entrada Monos, una película para mirar el conflicto a los ojos se publicó primero en Unlockers Cloud Colombia.

img

cruz4d3r

Publicaciones relacionadas:

Ya queda poco para el estreno de The Witcher en Netflix y este es su épico tráiler final

Sin duda, uno de los estrenos más esperados de la temporada a nivel de series es la de The...

Continuar leyendo
Por cruz4d3r

El Ferrari eléctrico se retrasará hasta mínimo 2025 porque “la tecnología de las baterías no está donde debería estar”

No son pocas las empresas que se han subido al carro de los coches eléctricos. Tesla, BMW, SEAT,...

Continuar leyendo
Por cruz4d3r

“¡Asusta!”. Jennifer López en leggings sin Photoshop ¡y la foto es de espaldas!

Jennifer López lleva un 2019 a todo trapo. La cantante norteamericana no ha parado. Entre el...

Continuar leyendo
Por cruz4d3r