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Pierre Bonnard, pintor de la felicidad y la melancolía

El francés Pierre Bonnard pintaba sin modelo a la vista. No había ante sus ojos más que un lienzo y, sobre todo, una memoria: la de un cuerpo, una habitación o un paisaje. Bonnard (1867-1947) registraba el objeto de su deseo dibujando aquello que creía que iba a pintar y más tarde -a veces mucho más tarde- los recuerdos jugaban como espejo con el pincel. «Antes de añadir color hay que mirar las cosas una o mil veces», dijo alguna vez.

“Nude in an Interior”, c.1935
“Nude in an Interior”, c.1935

The Colour of Memory es el nombre de una gran exhibición que acaba de concluir en la Tate Modern de Londres -seguirá viaje primero a Copenhague, en junio, y luego a Viena, en octubre- y que fue la mayor exposición de su obra en el Reino Unido en más de 20 años. Con más de cien piezas reunidas en varias salas con criterio cronológico, la curaduría de la muestra estuvo a cargo de expertos de la Tate y el museo hizo una interesante campaña de persuasión para conseguir que el público se tomara el tiempo necesario para ver cada una de esas piezas, que abarcan cuarenta años de la producción del gran artista, en rigor, los últimos de su vida.

Bonnard pintaba varias obras al mismo tiempo: en la muestra que se vio en Londres hay obras sin los respectivos marcos, una elección que pretende reproducir el modo en que se veían en el taller del artista. Hubo cuadros en los que trabajó por décadas; él, que comenzó como talentoso artista gráfico -aunque estudió Derecho para darle el gusto a su padre, su primer «éxito» artístico fue una campaña de champagne en 1891- y experimentó con la fotografía en los comienzos de la técnica, buscaba recuperar el tiempo, a la manera de Proust, como recuerda su biógrafo Nicholas Watkins. Siguiendo esta idea, podría decirse que buscaba recuperar el tiempo, pero también el espíritu y el sabor de todas las magdalenas.

“Dining Room in the Country”, 1913
“Dining Room in the Country”, 1913

En esa búsqueda se adueñó del color y de los climas, promovió una renovación de la composición y la perspectiva. Lo llamaron «el pintor de la felicidad» aunque para ser justos habría que llamarlo «el pintor de la felicidad y de la melancolía».

“Nude Crouching in the Tub”, 1918
“Nude Crouching in the Tub”, 1918

El punto de partida es 1909, con la llegada de Bonnard y de su esposa Marthe Meligny a la Costa Azul, momento en que el pintor francés consigue capturar la profunda experiencia de la luz del Mediterráneo, algo que convierte su paleta pastel en una gloria refulgente de intensidad. El cuerpo de Marthe, afectada por la tuberculosis, es protagonista de una gran cantidad de sus pinturas, muchas de ellas en el escenario del clásico baño medicinal de la época.

Se conocieron en 1893, cuando él la vio bajar de un tranvía y su presencia se hizo luz. Bonnard tenía 26 años y ella 24, aunque por entonces ella decía ser mucho menor. No era lo único en lo que mentía: también, aunque decía llamarse Marthe Meligny, su verdadero nombre era Marie Boursin, algo que él supo recién cuando se casaron, en 1925.

“Nu dans le bain”, 1936.
“Nu dans le bain”, 1936.

Bonnard vivió con Marthe hasta la muerte de ella, en 1942. Durante los años que estuvieron juntos él tuvo otros amores, algunos de los cuales quedaron reflejados en sus pinturas. Una de sus amantes, a quien pintó y con quien viajó a Roma, era la joven Renée Monchaty. Fue un vínculo fuerte, entre 1923 y 1924, y en algún momento él incluso pensó en contraer matrimonio con ella, algo que no sucedió. Ella se suicidó en París, poco después de ser abandonada por Bonnard. Él, por su parte, siguió con sus planes matrimoniales, pero con Marthe, la eterna figura de su vida y de su obra.

Bonnard comenzó su carrera como pintor como miembro de Los Nabis, un grupo que incluía a artistas como Edouard Vuillard y Paul Serusier. La palabra Nabis proviene del hebreo, es el término con que se denomina al profeta. Los Nabis se veían a sí mismos como profetas del arte moderno, con su modo atrevido y a la vez sencillo de pintar, su uso del color en manchas planas y su admiración por las estampas japonesas y los experimentos de Paul Gauguin.

“Coffee”, 1915
“Coffee”, 1915

Siempre a caballo de diferentes escuelas según el criterio del  momento, la obra de Bonnard no fue apreciada hasta hace relativamente poco tiempo en la historia del arte y es posible que esa demora haya obedecido, entre otros azares, a la influencia de la palabra santa de algunos grandes nombres.

“Autorretrato”, c.1938
“Autorretrato”, c.1938

«La obra de Bonnard hay que mirarla y mirarla, hasta verla», decía Cartier-Bresson, una figura presente en la muestra ya que pueden verse algunas de las hermosas fotos que le tomó al artista. Sus palabras parecen una respuesta a las acusaciones de la gran vaca sagrada del arte del siglo XX. «Lo que él hace no es pintura sino un popurrí de indecisión», sentenció Pablo Picasso, que ni quería a Bonnard ni lo consideraba un artista moderno.

“The Window”, 1925
“The Window”, 1925
“In the Bathroom”, 1940
“In the Bathroom”, 1940

Fue la intimidad de ese recuerdo la que se trasladó entonces a la intimidad de los objetos y los espacios

Aunque muchos identificaron el trabajo de Bonnard con el de los últimos impresionistas, más allá de las semejanzas en el tratamiento esfumado del color diferían en el abordaje, justamente, porque en lugar de plasmar la fugacidad de lo real Bonnard eligió representar la memoria de lo real y fue la intimidad de ese recuerdo la que se trasladó entonces a la intimidad de los objetos y los espacios: cuerpos desnudos, dormitorios, espejos, cuartos de baño, pequeños comedores cuyas ventanas dan a jardines vibrantes y a cursos de agua que se confunden con los cielos.

“The Bowl of Milk”, 1919
“The Bowl of Milk”, 1919

La intensidad del color, esos azules, esos verdes, esos amarillos, lo vinculan fuertemente con uno de sus grandes amigos, Henri Matisse. Bonnard eligió también presentar la naturaleza y los paisajes desde la mirada íntima y, de hecho, la mayoría de esos exteriores están enmarcados por puertas y ventanas: el afuera de la naturaleza visto desde adentro.

Las guerras que no pintó

«Era un gran tímido y eso condujo a esa idea general de que era una figura solitaria», señaló en una entrevista Matthew Gale, curador de la Tate y de la muestra. Gale dijo además que una de las aspiraciones de la exhibición era algo así como «reinsertar a Bonnard en la historia, ver cómo respondió a las circunstancias que le tocó vivir y particularmente a la traumática experiencia de las dos guerras, además de las tragedias personales que estaban por debajo de sus actividades».

“A Ruined Village Near Ham”, 1917
“A Ruined Village Near Ham”, 1917

Bonnard fue muy criticado por haberse mantenido al margen y no dar respuesta a la violencia de la guerra en sus obras, casi como en una toma de posición. Sin embargo, en esta muestra puede verse A Village in Ruins near Ham, un cuadro inusual en el contexto de su obra, que fue pintado en mayo de 1917, en el marco de un programa por el cual llevaban a los artistas al frente para que «capturaran el sentido de la destrucción y el sufrimiento de las fuerzas armadas», según contó Gale. Otra de las obras menos conocidas de Bonnard vinculada a temas bélicos que puede verse es la que captura las celebraciones nocturnas del 14 de Julio, Día de la Bastilla, en 1918. No se trata de sugerir que Bonnard debe ser visto como un artista de la guerra, insiste el curador, sino de «saber que estaba consciente de lo que pasaba en el mundo y a su alrededor y que buscó llevarlo a su arte de una manera que hasta ahora había sido ignorada  o pasada por alto».

“Armistice”, 1918. Colección Privada. Foto© Christie’s Images.
“Armistice”, 1918. Colección Privada. Foto© Christie’s Images.

Ya durante la Segunda Guerra, Bonnard vivió casi sin salir de su casa de Le Cannet, cerca de Cannes, y la mayoría de las pinturas de esta etapa están vinculada a los paisajes. Se sabe, por las cartas que se escribía con su amigo Matisse que, como el resto de la población, pasaron penurias económicas y escasez de materiales artísticos y de medicinas. Marthe murió en 1942, en plena guerra; Bonnard, en 1947, dos años después del final de la contienda.

The Colour of Memory se propone como una oportunidad preciosa para volver a mirar una obra delicada y distinguida que por diferentes motivos no tuvo hasta ahora la oportunidad de ser reconocida en su justa medida. Es detenerse en el color, en la forma, en celebración de la intensidad y la belleza de un hombre que contó su modo de ver el mundo.

“Estudio con mimosas”, 1939-1946. Museo Pompidou de París.
“Estudio con mimosas”, 1939-1946. Museo Pompidou de París.

*Pierre Bonnard. The Colour of Memory. Glypotek de Copenhague, del 7 de junio al 22 de septiembre de 2019. Kunstforum, Viena, del 10 de octubre de 2019 al 12 de enero de 202o. 

 

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