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Muerte por sobredosis de opioides en Colombia, una realidad que desconocemos

Por: Julián Quintero*

El 31 de agosto fue el día mundial de sensibilización para evitar muertes por sobredosis, la principal causa de muerte por consumo de drogas en Norteamérica, Europa y Asía. En Colombia también podría serlo, pero no sabemos cuántos son los muertos. El país ha logrado avances significativos pero se necesitan hacer más esfuerzos para evitar la epidemia que mató en el año 2018 a 68.557 personas por consumo de opioides en Estados Unidos. 

La Oxicodona y el Fentanilo ya están en el mercado ilegal colombiano

El pasado primero de agosto, el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) del Observatorio de Drogas de Colombia (ODC) anunció en una alerta que había “recibido por parte de las autoridades competentes el reporte de dos incautaciones de los opioides Oxicodona y Fentanilo en las ciudades de Pereira y Cali, respectivamente”. El anunció pasó desapercibido para la prensa, pero sembró gran preocupación en las autoridades de salud, los investigadores y organizaciones de la sociedad civil que se dedican al abordaje del consumo de sustancias psicoactivas especialmente en el tema de drogas inyectadas como la heroína. 

¿Pero cuál fue la preocupación?, pues que se reportó el tráfico ilegal en Colombia de las dos sustancias más relacionadas con la epidemia de muertes por sobredosis que vive Estados Unidos: por un lado la Oxicodona, un analgésico opioide que se consume por vía oral y que ha sido el medicamento legal recetado por excelencia en los Estados Unidos para cualquier tipo de dolor. La familia Sackler, dueña de Purdue Pharma, la farmacéutica que produce OxiContin –la marca más vendida en el mundo de Oxicodona– ha sido señalada de aumentar su multimillonaria fortuna a causa de la crisis de opiáceos. Ha recibido sanciones, varios de sus directivos han ido a la cárcel y reciben el reproche mundial por haber realizado pagos a médicos y escuelas de enseñanza para que formularan el OxiContin, induciendo así el consumo y en consecuencia la dependencia.  

Por la misma razón, la farmacéutica Johnson y Johnson “deberá pagar USD 572 millones tras un histórico fallo. El juez  dice que la multinacional contribuyó al “perjuicio público” al fomentar el consumo de analgésicos de receta médica altamente adictivos.”

Cuando sobrevino la primera crisis de los opioides legales en Estados Unidos para el año 2013 y 2014 inició la restricción de la formulación de los medicamentos, pero ya las personas tenían una alta dependencia a este tipo de analgésicos, los cuales generan un doloroso síndrome de abstinencia que se manifiesta en calambres abdominales, sudoración, náuseas, vómitos, diarrea, temblores, escalofríos, taquicardia, presión arterial etc. Estos suelen aparecer entre las 6 y las 12 horas siguientes al último consumo. Sumado a esto, la tolerancia de los opioides aumenta con el consumo, razón por la cual las personas deben consumir cada vez mayores cantidades. 

Las personas dependientes a los opioides, a quienes el sistema de salud ya no les suministraba sus dosis, recurrieron a las calles para buscar estas mismas sustancias en el mercado ilegal u otras de mayor potencia como la morfina y la heroína, lo que aumentó el número de usurios “enganchados”. Fue en este momento cuando también crecieron de manera exponencial (178 %) las muertes por sobredosis de heroína en los Estados Unidos entre los años 2014 y 2015. 

Pero las cosas podían empeorar. Además de la Oxicodona, para el año 2016 aparece de manera masiva en el mercado negro el Fentanilo, la otra sustancia relacionada con la con el crecimiento de los casos de sobredosis. El Fentanilo es un poderoso opioide sintético 50 veces más potente que la heroína o su análogo, el carfentanilo, que puede llegar a ser 10.000 veces más potente que la morfina. El fentanilo está siendo usado no solo para adulterar la heroína, si no también la cocaína y metanfetamina. 

Entonces la preocupación debe ser máxima por que en Colombia existe un mercado legal, con receta (y sin esta) de fármacos opioides de diferentes marcas y composiciones. En Colombia existen más de 15.000 consumidores de drogas inyectadas especialmente heroína. La oxicodona y el fentanilo ya están en las calles. ¿Está preparado el sistema de salud colombiano para atender esta crisis?

No sabemos cuántos muertos por sobredosis de heroína llevamos

El consumo de heroína en Colombia es de lejos el fenómeno de uso de sustancias psicoactivas más estudiando en nuestro país. Las razones pueden ser varias: la aparición de situaciones de sobredosis y demanda de tratamiento a finales de los 90 y principios del 2000; la invisibilidad de este tipo de consumos en los estudios poblacionales pero la visibilidad en los hospitales; el aumento del VIH y la Hepatitis en los consumidores por el intercambio de jeringas o el alto nivel de dependencia derivado de la sustancia o la presión internacional que impulsa el abordaje de este fenómeno desde las agencias de cooperación o multilaterales. 

Los estudios han permitido generar evidencias para el diseño de políticas públicas, planes y programas para la atención del consumo. Se sabe que en Colombia hay más de 15.000 usuarios de heroína, los cuales más del 92% lo hace por vía inyectada. El consumo se ha concentrado en Cali, Pereira y Dosquebradas, Armenia, Bogotá, Cúcuta, Santander de Quilichao y Medellín, esta última ciudad con el mayor número de consumidores y los consumos más problemáticos, debido, entre otras razones, a su resistencia a las acciones de reducción de riesgo y daños, así como la defensa de un gran negocio de tratamiento y metadona que concentra la ciudad de Medellín y su Área Metropolitana. Medellín es la ciudad más retrasada del país en la implementación de acciones de reducción de daños en el consumo de drogas inyectadas. 

Desde principios del siglo XXI se han implementado programas de tratamiento, programas de sustitución con metadona, enfoques de reducción de riesgo y daño y más recientemente en la última década programas de acceso a material higiénico de inyección, destinaciones presupuestales para comprar jeringas, programas de tamizaje y atención de hepatitis y VIH, protocolos para el manejo comunitario de la Naloxona -el medicamento para contrarrestar una eventual sobredosis- entre otros. No obstante, el marco de política pública o algunos proyectos en marcha, estas acciones se quedan cortas, no tienen presupuesto, están sometidas al vaivén político, están presionadas por intereses externos, no tienen continuidad o se ejecutan de manera intermitente y sin suficiente capacidad técnica. Esta realidad tiene pocas excepciones, como Cali y Armenia, donde los programas superan los políticos y cuentan con un decidido apoyo institucional.   

Uno de los principales problemas es que en Colombia no sabemos cuántos son los muertos por sobredosis de heroína en los últimos 10 años. Según datos obtenidos de las “Fuentes de RIPS –Registro Individual de Prestación de Servicios de Salud y Registro de Estadísticas Vitales – Defunciones” del Ministerio de Salud, en las 10 principales ciudades afectadas por el consumo de heroína, entre el año 2009 y junio del 2019 se habían atendido 2.891 casos de sobredosis en 837 personas. Cali ocupa el primer puesto con 718 casos reportados, le sigue Medellín con 559 atenciones y Bogotá con 347 casos.

Pese a este alto número de casos atendidos y teniendo en cuenta que aproximadamente el 37 % de los consumidores han sufrido una sobredosis, resulta extraño que esta misma fuente solo haya reportado 4  defunciones por sobredosis de heroína en los últimos 9 años: 2 en Cali y 2 en Bogotá. 

Por otro lado, la “Fuente: Cubos SISPRO – Estadísticas Vitales, DANE.” indica que entre el año 2013 y 2017 se reportaron en Colombia 341 personas “muertas por y exposición a narcóticos y psicodislepticos [alucinogenos] que incluye la heroína” pero también incluye, “ácido lisérgico [LSD], cannabis (derivados), cocaína, codeína, mezcalina, metadona, morfina, opio (alcaloides)” es decir, que no existe la posibilidad de saber a ciencia cierta cuántas personas han muerto por sobredosis de heroína u otro opiáceo de manera directa. 

Por último, Medicina Legal en sus registros de Forensis, aunque describe la intoxicación por opiáceos, tampoco deja en clara la cifra sobre muerte por sobredosis por heroína u otros opiáceos. 

Mientras tanto, el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA) reportó para el año 2017 9.640 casos de intoxicación por sustancias psicoactivas. Ninguno de estos datos coinciden con las 36 muertes por sobredosis que reportó el Proyecto Cambie entre abril del año 2014 y diciembre del año 2017 en las acciones de reducción de riesgos y daños para personas que se inyectan drogas en las ciudades de Cali, Bogotá y Pereira-Dosquebradas. 

Lo cierto es que el país no sabe cuánta gente se muere por sobredosis de heroína u otros opioides. Esto nos pone frente a una situación de máxima vulnerabilidad para atender el escenario de riesgo que se nos presenta en el panorama. El gobierno debe implementar acciones urgentes para contrarrestar este escenario que se avecina, actualizar sus protocolos, invertir dinero en programas y proyectos y visibilizar la problemática. La heroína puede ser una de las sustancias que más personas mata por sobredosis y consumo directo, pero el país no lo sabe porque son personas estigmatizadas, excluidas y rechazadas en muchos casos.   

Por tanto, y de manera urgente, las autoridades en salud deberían reflexionar sobre los siguientes puntos:

 

  • Unificar y actualizar el actual sistema de monitoreo de muertes por sobredosis de heroína y otros opiáceos de manera desagregada. 
  • Actualizar el cuerpo médico y de salud para que las muertes sean registradas como “sobredosis o envenenamiento por heroína” y no por paro cardiorrespiratorio. 
  • Ampliar y fortalecer los programas de reducción de riesgo y daño para personas que se inyectan drogas. 
  • Impulsar registros comunitarios y familiares de casos de sobredosis y muertes por consumo de heroína.
  • Revisar el enfoque comunitario de la guía de manejo de sobredosis y uso de Naloxona con las organizaciones de base
  • Distribuir Naloxona de manera gratuita y sin barreras en los ambientes comunitarios y las redes de consumo de heroína. 
  • Implementar campañas comunicativas enfocadas en los riesgos de la dependencia a los opioides legales y sus consecuencias. 
  • Regular de manera estricta la difusión, promoción, publicidad de las compañía farmacéuticas. 
  • Vigilar de manera estricta a los médicos en su formulación de opiáceos legales. 

*Investigador Corporación ATS

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